La brújula de Eleuteria

El grito de libertad de una, el aliento para la libertad de todas.

Alejandra Rodríguez Peña.

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  • Nueva era

    ¿Con qué quedarse y con qué no? Una disertación necesaria para no caer en machismo e individualismo.

    Hace más de una década me formé como terapeuta holística, he trabajado hace casi 8 años en una casa holística como directora, he organizando eventos, gestionando actividades, he sido meditadora, he escrito por y para las mujeres. Sin embargo siento que este artículo de opinión, por supuesto, quizás le sirva a otras personas a ser eclécticas y no grandes partidarias de la pseudo espiritualidad como pathos de vida.

    Recuerdo estar sentada escuchando a la que era mi maestra de meditación y sacerdocio por años hablar de energías, decirme que me faltaba energía femenina o que la realidad la creábamos o era resultado de leyes de manifestación y no de errores como sociedad en la historia. «Las mujeres no dejan a los hombres ser hombres» o «tú creaste esta realidad». Muchas de sus acotaciones partían de sesgos que debo decir son recurrentes en el discurso de la nueva era como: la renuncia de la mujer y su ontología para ser políticamente adecuada, encontrar pareja y hacer funcionar sus relaciones a la vez que reduce las realidades complejas que componen el mundo a frases infantiles e individualistas.

    En el mundo del coaching he escuchado un sinnúmero de veces que la mujer se empodera produciendo. «Las mujeres no lloran, las mujeres facturan» creo que a este punto se ha convertido en lema no solamente del año sino que debido a la mención de las únicas sujetas políticas del feminismo, ya hace parte de las conversaciones cotidianas de la mayoría de jóvenes y adultas en todo el mundo. Pero ¿A quién le beneficia que las mujeres no encontremos otro objetivo en la vida que producir? ¿A quién conviene la pérdida de nosotras mismas en un camino que se desdibuja por sí mismo si no producimos? Por supuesto que el dinero importa y habrá mujeres que me digan que es transgresor pensar en «producir» en vez de dedicarnos a labores con las que malintencionadamente la historia nos ha relacionado. No obstante, para mí siempre será una manera extractivista de concebir la condición humana y particularmente la ontología de las mujeres: sino van a parir, asegúrate de que sean esclavas del dinero y no les importe cómo lograrlo.

    Algunas personas terminan en el camino de la «espiritualidad» por decepciones con la religión o en la vida. Algo así me pasó también, pero aunque no encontré respuestas ni tampoco soluciones a nada, al menos aprendí a controlar mi respiración y ya que tanto me hablaron del amor propio, encontré el coraje para salir de distintas situaciones adversas. Sí, aunque no es algo en lo que sugiero quedarse, porque es justamente allí cuando surge otra de las malditas taras de la sociedad actual: el culto cansino al yo, todo gira en torno a eso. También caí allí y siento una vergüenza infinita. Afortunadamente como mencionaba en un post anterior me llegó la madurez. Perfiles con miles de selfies con pies de fotos de superación personal parten de pronombres personalizados que reflejan lo ajenas y ajenos que podemos estar de lo que sucede en el mundo.

    Alejandra Rodríguez Peña.

  • Cuando no aspirar a lo transgresor


    Del universo de la creación a la realidad

    La creación es un mundo que se nutre de lo transgresor. Normalmente leer algo plano, predecible y sin dificultades qué resolver es soso. Lo fascinante de Pieter Brueghel es la exposición de lo humano con muchas de sus absurdas truculencias. Recuerdo a tantos profesores de la maestría en Creación Literaria enunciarlo. Sospecho que tienen toda la razón pero cuando lo que se transgrede es la barrera de la ficción para hacer un salto hacia la realidad hablamos de una puesta en abismo distinta. Esta invasión del mundo de la creación a la vida de afuera ilumina los desafíos más grandes de la sociedad de antes y la actual: la emancipación de creencias metafísicas que perpetúan opresión; el entendimiento de que nunca estaremos terminados por lo cual configurar el mundo conforme a nuestros deseos particulares es sobre todo una herramienta de provecho neoliberal y que no podemos seguir permitiendo que los discursos de coacción den forma al mundo.

    Hago otra claridad. En el mundo de la creación lo moral aburre; sin embargo, la realidad y sobre todo los movimientos sociales necesitan de barreras éticas para protegerse de que las grandes corporaciones y políticos que, usualmente los abandonan tan pronto como llegan al poder, los usen como escaleras políticas y se apropien de sus narrativas para encantar muchedumbres. Hablar de feminismo es hablar de una sujeta política: la mujer y de sus luchas históricas contra todos los tipos de opresión que enfrenta en todos los contextos del mundo por nacer hembra. ¿Por qué? Porque nacer hembra en India, Nepal, China o Afganistán significa muchas veces dos cosas, o te matan cuando saben que nacerás hembra o cuando tienes un año de vida porque eres una casta que secunda a los machos. Significa a menudo también mutilación genital, al igual que las emberá chamí en Risaralda, porque tener vulva te hace automáticamente impura y tener un útero quiere decir que si eres campesina serás más productiva no teniéndolo y se enviudas y quedas sola en el campo entonces puedes morir quemada por bruja. Nacer hembra en Afganistán significa que nunca podrás trabajar ni estudiar y que si lo intentas puedes morir envenenada o golpeada brutalmente. Nacer hembra en muchos países africanos y aquí en La Guajira a veces significa que te vendan en un matrimonio arreglado con pedófilos o que te usen de moneda de intercambio. Todas estas realidades son observables, medibles y cuantificables. Nada de esto surge de una autopercepción de sí.

    No me caben en la cabeza los imaginarios patriarcales de las culturas que fomentan estos tratos hacia las mujeres, todas esas cosmogonías entre otras razones irreales para justificar la existencia que avalan tragedias que sufrimos a diario. Recuerdo hace algunos años cuando practicaba rigurosamente la meditación escuchar a una de mis maestras de meditación hablar sobre el sagrado femenino, que teníamos que ser suaves y dulces o ponernos huevos de obsidiana en la vagina para limpiarnos del karma de los hombre con quienes nos habíamos acostado. ¿Cómo podemos normalizar aceptar consejos de creencias de la Nueva Era o de religiones salidas de tanta misoginia? No sé decir cómo tantas caemos ahí. Quizás en esa búsqueda de encuentro con eso subjetivo metafísico que nos libre de la responsabilidad de ser al menos dueñas de nuestro pensamiento.

    De todo esto rescato que aprendí a respirar, entendí el valor del rito, puntualmente sacralizar momentos para amarme, reconocerme sin juicios, reconocer mi fortaleza y observar mi proceso además de llevar un registro de él para en el futuro dar cuenta de qué había cambiado. Recuerdo que por esa época una compañera del equipo de atletismo de la Javeriana con quien también compartí clases en el pregrado: Lenguas Modernas fue asesinada por su pareja. Situación que me atravesó al punto de hacer un diario junto con una amiga terapeuta para que muchas mujeres encontraran el coraje para reconocer su valor y deconstruir lo que usualmente la mitología cuenta de nosotras por medio de arquetipos.  

    Hablo de deconstrucción desde lo ontológico, esa necesaria liberación de lo impuesto como pensamiento o decisión propia. Esa oportunidad de cuestionarlo todo para decidir cómo estar en el mundo, algo que debería poderse en todas partes. Hago esta claridad porque en los discursos de muchos jóvenes en la actualidad y de teóricos de lo cuir, deconstruirse tiene que ver con aceptar lo transgresor por antiético que sea. Por ejemplo, en Deshaciendo el género de Judith Butler cuando ella habla del tabú del incesto plantea que hay ocasiones en que el incesto de padre e hijo no es violación:

    “No es necesario ver el incesto de padre e hijo como una vulneración unilateral en el niño por parte del padre porque cualquier vulneración ocurre en la esfera de la fantasía. De hecho entender que la violación que el incesto puede ser –distinguir entre las ocasiones en que el incesto es violación y aquellas en las que no–”.

    Por otra parte Gayle Rubin en la página 146 de Del género a la sexualidad a finales de la página 146 y comienzos de la página 147 habla del pánico de la pornografía infantil que se creó por unas fotografías de desnudos de hombres y del hijo de la artista que las tomó masturbándose, luego dice que los “amantes de los niños” no tienen quién defienda sus libertades civiles y que en 20 años dejarán de ser estigmatizados.

    Pongo en evidencia estas pruebas porque muchos medios publican que quienes asocian lo cuir con la pedofilia son usualmente religiosos de derecha y yo soy una feminista atea lejos de ser conservadora que considera que nada debería situarse por encima de las fundaciones éticas que conllevan al establecimiento de los derechos humanos. Cuestiono esta teoría y su agenda porque pretende instaurar los deseos individuales por encima de lo colectivo al mejor estilo neoliberal. Pongo otro ejemplo: con la ley Sólo sí es sí propuesta en España por Irene Monterose absuelven a los violadores de violaciones por asuntos de consentimiento. Y yo me pregunto: ¿Existe una violación consentida? ¿Afirmarlo a quién le sirve además del violador? Esta ministra de igualdad es pro regulación del sistema prostituyente no obstante entre el 90 y el 95% de las mujeres y niñas prostituidas en su país son víctimas de trata y el 5,07% es población trans, según un informe de Médicos por el Mundo. A Irene Montero se le llena la boca cuando manifiesta estar a favor de la población trans pero  ¿a sabiendas de que la prostitución la mayor parte del tiempo expone a estas personas y a otras más discriminadas a trata de personas, es sensato y amable someterlas a este mundo atroz cuando su expectativa de vida está entre los 35 a 41 años? No. Ahora, vender la prostitución como trabajo es ante todo un reconocimiento de que le quedó grande dignificar la vida de las personas más vulnerables, que no está del lado de las mujeres sino del negocio proxeneta y del deseo sexual masculino que como deseo nunca será derecho. Y si fuera así, que los deseos fueran derechos, le permitiríamos a pederastas autopercibirse como niños para asaltar entre otros escenarios también muy aberrantes.

  • La distopía que heredan quienes nacen

    Recuerdo llegar a la clase de Literaturas al Margen de la Maestría en Creación Literaria y escuchar al profesor, algo preocupado decir que ya nadie quiere hijos y luego hablar de maternidades y paternidades deseadas. He escuchado algunas mujeres en blogs decir que pasaron de no querer tener hijos a abrazar no solamente la maternidad sino maternidades sin culpa. Sí, justamente ese tipo de crianza de leche de tarro, paquetes de comida radiactiva y niños sin sueño que confía en todo el mundo y sobre estimula con el celular en vez de dar atención. Todo muy sin culpa y empoderante por lo mismo.

    En la actualidad cualquier tipo de disonancia cognitiva que nos libre de asumir nuestra responsabilidad frente a nuestros actos, particularmente el sentimiento ególatra de traer alguien que no pidió nacer para llenar puntos en la continuidad humana suena transgresor. Voy aclarar algo y es que si las infancias nacen automáticamente me convertiré en su protectora, tanto de ellas como de las madres. Sin embargo, a sabiendas de la crisis climática que enfrentamos, la cual la derecha se niega a aceptar con todo e incendios un día e inundaciones al otro: ¿quién engendraría a alguien para venir a vivir menos de 30 años si pudiese elegir no hacerlo?

    ¿Quién traería alguien a un mundo cada vez más alejado de la ética simplemente por caber en la definición más reciente de lo que sería lo transgresor? Entiendo cómo es la situación de los territorios más empobrecidos, la exposición a la trata de personas, aquellas madres jóvenes abusadas y robadas de sus hijas e hijos al igual que de su voz propia y derechos fundamentales en uniones impuestas. Paralelamente he escuchado también el discurso de amigas con títulos y trabajos envidiables realizadas profesionalmente llevando a cuestas el yugo de la obligación familiar de quedar en embarazo. Sí, tal parece que con ser ellas mismas jamás es suficiente y hay que llenarles las expectativas a los demás particularmente a la familia o a los amigos porque ya todos tienen hijos.

    Activar para el feminismo y el veganismo e imagino que debe ser peor para los ambientalistas éticos es sumergirse en realidades que hacen cuestionar el deseo androcentrista de que todo gire en torno a los deseos impuestos por la sociedad y a los propios individuales. ¿Ese afán de descendencia a quién le sirve además del sistema y a los números que necesita? ¿Deberíamos parir para saber cómo es quitarle tiempo al planeta y castrar libertad a la mujer? ¿Quién acoge a las infancias abandonadas en la guerra? ¿Con quién dejamos a esas infancias que fueron deseo de dos que nunca representarán el de quien nace porque simplemente no pidió hacerlo? Imagino que lo sensato sería decirles que no busquen un propósito y que no ahonden en la existencia lo suficiente para no arrojarse al vacío que supone.

  • El poeta: una denuncia necesaria con un ridículo innecesario 

    Bajo la gran actuación de Ubeimar Ríos: El poeta, película de Simón Mesa, nos sumerge en la tragedia que puede ser pretender vivir de lo que se escribe. ¿Hay una manera de alcanzar cierto reconocimiento si como escritores o escritoras no gozamos de estatus, dinero suficiente, un círculo de influencias o nos negamos a hacerle propaganda a un estereotipo del país o a una agenda política con nuestras letras para ganar reconocimientos? 

    La defensa del estilo literario de José Asunción Silva por parte de Óscar Restrepo — de quien no conocimos ni un poema en toda la película, lo cual es una falencia dentro de la narrativa. — es una muestra clara de la necesidad de valorar un trabajo literario por su riqueza estética inherente no por su grado de complacencia a un discurso conveniente dentro de una agenda política. ¿Tenemos licencia para hacer poesía dándole protagonismo a la evolución de las caricias y los besos en el tiempo como describía el Poeta di Passo, José Asunción en su Nocturno II sin sentirnos caducos? 

    ¿Tendríamos que hablar de narcotráfico, comunas, las tetas sin las que no podríamos tener paraíso o la precariedad en la que vivimos para que Suecia, Dinamarca o Noruega se apiaden de nosotros y nos den una subvención en algún proyecto cultural o literario? ¿Al hacerlo no tendríamos derecho a pensar que estamos en todo caso reforzando la brecha de desigualdad o la jerarquía que ejercen países con mayor PIB sobre nosotros? ¿Hasta en eso deberíamos lavarle las manos al Estado de asignarle un presupuesto decente a la cultura para no hambrear a artistas y escritores?

    El personaje de Yurlady, de quien si conocimos una muestra de su poesía, escribía de la sencillez de su entorno, su vida familiar, la escuela, la luz y su habitación. Se hace un parangón necesario entre el rap y la descripción que logra la narración poética de la joven poetisa. A partir de ella, el personaje principal encuentra una redención interior, tanto por ser el padre ausente que escogió ser para su hija como el poeta que no quiso escribir de lo que sabía que tendría más éxito.  

    Mucha gente habla de que Óscar es todo un ejemplo de aliado de la causa feminista. Sin embargo, pese a que Óscar no es un detractor del patriarcado —requisito mínimo para llamar a un hombre “aliado” — es casi un héroe de su propia historia. Eso sí, no podemos alabar la irresponsabilidad de un padre que explota a su madre y a la madre de su hija al ser incapaz de proveer, participar activamente en la crianza, ser efectivo en la redistribución de tareas del cuidado, etc, simplemente porque no es un pervertido y no le roba la obra a una joven poetisa. 

    El poeta, su infantilismo, su evolución y la crítica son admirables en cuanto a logros de la actuación y la narrativa: eso es indiscutible. Digo esto aunque Óscar Restrepo enmarque un estereotipo ridículo y quizás miserable de quienes hacemos poesía. Tengo la impresión de que lo que hacemos luego de él vale menos y muy probablemente de ahora en adelante se nos vaya a relacionar con él y su desgracia. Ojalá que también lo tengan en cuenta a él y a su historia los «honorables» del Congreso a la hora de fijarnos un buen presupuesto para la cultura el próximo año y no se atrevan a recortarlo como se ha venido advirtiendo.

  • ‘Adolescencia’: la androsfera al servicio de la misoginia y el feminicidio

    En el blog oficial de Netflix, Stephen Graham, uno de los creadores de ‘Adolescencia’ manifestó que quería indagar en las razones que pueden llevar a un adolescente a apuñalar a una niña hasta la muerte. Sin embargo, aunque la miniserie de 4 episodios ofrece una mirada revictimizante del asunto al insistir en poner el foco en el victimario —de tal manera que la audiencia logre eximirlo de la culpa sin importar que sus compañeros hayan compartido y difundido imágenes de la víctima con el ánimo de sexualizarla— , se esperaría que los televidentes puedan llegar a hacerse estas preguntas: ¿quién moldea realmente la psiquis de nuestros hijos e hijas, la 2,0 o nosotros? ¿Por qué un niño de 13 años piensa que en vez de trabajar en sus inseguridades debe hacer parte de un movimiento que no solamente odia a las mujeres sino que piensa que su asesinato es un tipo de justicia, vidicación o expiación masculina? Aunque muchas personas insistan en que el personaje principal no se identifica como célibe involuntario, el hecho de desvivir a una niña por rechazarlo es un comportamiento de célibe involuntario.

    Es importante reflexionar en las dinámicas que justifican el delito a los ojos del asesino adolescente. A los ojos de Jaimie se espera que las niñas y las mujeres no solo no sepamos decir que no, sino que no tengamos una actitud crítica frente a las dinámicas en las que los varones fomentan violencia hacia nosotras. Este pensamiento justifica el asesinato y la violencia que ejerce contra su psicóloga. El adolescente viene de un hogar en el que al parecer nunca se cuestionan las decisiones del padre y de hecho se hace lo que él diga. No obstante, los padres de Jaimie son conscientes de que su hijo está siendo educado por el celular con el que interactúa hasta tarde. Los detectives y el hijo de uno de ellos sugieren que es probable que Jaimie haga parte del movimiento de célibes involutarios. Pero ¿cómo es que un niño de 13 años se identifica con una secta de adultos que odian a las mujeres? Aquí vale la pena detenerme porque evidentemente además del modelo de familia patriarcal, la 2.0, la pornografía, el afán de nuestros hijos de pertenecer a algún lado y relacionarse precozmente con la sexualidad están criando asesinos y violadores cada vez más jóvenes.

    Las pantallas digitales en todas las plataformas despliegan una red infinita de hipersexualización y cosificación de mujeres y niñas. Mientras que grupos como los de Telegram facilitan videos de miles de violaciones a hembras humanas de todas las edades, vínculos y nacionalidades en todo el mundo, hay una caterva de hombres y adolescentes que adoptan las fantasías de violadores, puteros y feminicidas. «Ir a las cariñosas es más barato y no es tan doloroso como el amor» decía un influenciador de Instagram en el feed el otro día. Al revisar los comentarios de respuesta pude notar que uno decía que lo más seguro es que ninguna de ellas diera sus «servicios» por deseo genuino, las respuestas a este comentario eran tan incómodas que daban a entender que nuestra función como mujeres —a los ojos de los varones— se reducía a ser sacrificados agujeros o productos de satisfacción de ellos:ser putas o traerles hijos al mundo básicamente. Me parece incomprensible que existan grupos de mujeres que defienden la hipersexualización y mercantilización de nuestros cuerpos como empoderamiento o vindicación feminista, o que defiendan nuestra sumisión frente a la voluntad de los varones.

    En esos videos hay muchos simpatizantes de esas ideas, los detractores del sistema patriarcal o son muy pocos o brillan por su ausencia. La empatía entre machos en sus cagadas quizás sea esa la razón por la que Jaimie, el asesino de ‘Adolescencia’ elige a su padre para acompañarlo en todo el caso y por qué sus dos amigos se empeñan en no decir nada al respecto. En las sesiones con la psicóloga que lleva el caso del asesinato, Jaimie le cuenta que su desinterés — a pesar de haber salido con ella— se debe a que tenía pecho plano. Una aseveración que muestra que incluso desde la niñez o adolescencia a los varones se los programa y socializa para hipersexualizarnos y vernos puntualmente como objetivos sexuales. La psicóloga por alguna razón siente que debe ser especialmente amable con el asesino, quisiera pensar que para hacerse las cosas fácil aunque en realidad se la ve bastante asustada e invalidada en su labor a pesar de ser una adulta y profesional. De aquí surge mi pregunta final ¿qué es lo que realmente nos asusta como mujeres, adolescentes o niñas: un niño, adolescente u hombre o su psiquis patriarcal de posible abusador o feminicida?

  • El dios de la sociedad neoliberal y la supermujer: misoginia todopoderosa de la 2.0

    (..) Némesis, la diosa de la venganza, hizo que el joven se enamorara de su propia imagen reflejada en una fuente. Y tan enamorado estaba, que al intentar alcanzarla acabó arrojándose a las aguas. 

    Mito de Narciso 

    Metamorfosis de Ovidio 

    Esta mañana al escuchar un pódcast en el que una influenciadora entrevistaba a Antoni Bolinches, filósofo y psicólogo clínico español para reflexionar en la brecha que existe entre hombres y mujeres admirables, pude constatar cómo la sociedad del rendimiento ha contaminado nuestras relaciones afectivas al punto de detonar la crisis de la mujer exitosa inconforme versus el hombre exitoso, que simplemente es feliz al ser admirado y puede escoger cualquier relación cómoda. Esta disyuntiva deja entrever un nuevo tipo de misoginia de la 2.0  de la que quizás pocas nos hemos percatado. La sociedad del rendimiento se rige por tres premisas: la de la acumulación, la de la acelaración y ante todo: la del narcisismo. 

    El minimalismo que supone hoy en día una persona en proceso de transformación, como en realidad vive la humanidad la mayor parte del tiempo no sirve. La sociedad del rendimiento nos obliga a pensar como una empresa. La dialéctica, ejercicio construido en el ocio que forja transformaciones individuales y colectivas importantes, al igual que la lectura crítica o valores genuinos que hacen continuidad no son suficientes, ya que no dan tanta reputación como una buena cuenta bancaria, estatus de algún tipo o reconocimiento público.  La aceleración del logro que sería la colonización plena de la alteridad sea en el contrato del matrimonio o de la convivencia detona una humanidad pavorosa de su soberanía. 

    Normalmente los psicólogos ponen la ansiedad de tener pareja como miedo a la soledad; sin embargo, me parece que el problema real es el miedo a la soberanía, a la plena independencia, a la autonomía en un mundo que nos moldeó hasta la manera de pensar y que nos atrofió los órganos vitales para ejercer la libertad. La soledad es un espacio en el que podemos reavivar esos órganos, encontrar un refugio para reflexionar y también para no hacerlo, por derecho mínimo al ocio propio. Esto no quiere decir que estemos negando el sentido humano de la extrañanza del otro, por el contrario, la distancia justamente hace valorar las relaciones, mantiene vivos asuntos vitales para el funcionamiento sano de cualquier relación como son el aprecio y el deseo. 

    La ansiedad que nos provoca la sociedad del rendimiento no es aquella que se regocija en la espera del acontecimiento que pueda ser el encuentro con el otro, sino el miedo a la soberanía, de vernos como esperpentos en el espacio en que no estamos con el otro y escuchar voces interiores que al igual que el capitalismo, nos bombardean bajo la premisa de que nunca seremos suficientes para nada. La ansiedad narcisista desencadena la depresión. Las mujeres así como nuestro movimiento deberíamos prescindir del parásito neoliberal que nos ha invadido a este punto. 

    Narciso habría encontrado redención de haberse abierto a la relación con la ninfa Eco. Al sumergirnos en la escucha de la narración en la que el otro se construye, nos vaciamos del fatigado yo que continuará agotándose en los espejos publicitarios de la 2.0. La contemplación de la Madre Tierra tiene ese gran poder también. Sobra decir que la tara expuesta en este ensayo también descubre el mal de la idea de la supermujer que no es una idea feminista sino más bien una esencialmente neoliberal.

  • ‘La sustancia’: la crítica feminista que estábamos esperando

    Finalmente una película feminista. Una excelente crítica al capitalismo y al patriarcado con la dosis necesaria de repudio que estos dos hermanos deberían producirnos a todos.

     Después de películas que se vendieron como « feministas » o de « empoderamiento » este año, finalmente Coralie Fargat nos presenta todo lo que las feministas reales deberíamos estar criticando. Al contrario de ‘Barbie’ que da como primera impresión que renunciar a la maternidad para sexualizarnos es una mejor opción para cualquiera de nosotras o pensar que somos nada más una etiqueta porque para cada cosa siempre habrá otra “muñeca” que haga tal o cual cosa, asunto que es más bien amigable al capitalismo y al patriarcado, ‘La sustancia’ se vale de la crítica a la hipersexualización para descomponer justamente este concepto y analizar por qué el parecer perfectas ante el capitalismo y el patriarcado es un acto de coerción que nos lleva a dinamitar nuestro ser en el mundo.

    La sociedad neoliberal se ha ensañado en vendernos siempre una supuesta mejor versión a las mujeres, una que debe alegrar a la sociedad pederasta, proxeneta y putera. No hay nada que alegre más al patriarcado y al capitalismo que la mujer infantilizada incapaz de aspirar a otra cosa que no sea lucir cada vez menor incluso en su pensamiento. Asunto que se pone en un pedestal en la película ‘Pobres criaturas’ —de repente una mujer con el cerebro de una niña que «seduce» y «decide» prostituirse es sin duda la que deviene en femme fatale. Es lamentable que se venda lo anterior como una vindicación feminista—. No hay mejores cajas registradoras que las del mercado de la cosmética, las cirugías estéticas o la pornografía por estas razones. Ninguna mujer consciente de la coerción histórica tendría por qué elevar a la categoría de feminista los mecanismos que la han oprimido siempre. La mejor versión que se espera de nosotras es aquella que arrastra consigo un pensamiento narcisista e infantil, que nos hace padecer con los años y que incluso en la adultez nos fuerza a lucir como niñas silentes que sonríen a sus depredadores. 

    Todo este proceso nos inculca una fobia prematura a nuestra propia naturaleza imperfecta. La programación con un lenguaje imperativo que nos hace el mercado de la belleza y la sociedad patriarcal no solamente parten de la misoginia sino también de un profundo rechazo a la adultez en la mujer. Me alegra que esta creación revele incisivamente la distopía que es ser mujer —con buenas metáforas visuales—, incluso desde nuestro pedestal de «privilegiadas». Hay una psicología que se empecina en poner la culpa particularmente en las decisiones de las personas, aquí se rompe ese pacto. Aquí hay un digno ejercicio que saca a la luz la coerción que invade la psiquis de la mujer adulta, cómo esta funciona como una especie de casa tomada. La adulta tiene que morir en el ejercicio de obligarse a dar a luz a una niña con delirio de muñeca Barbie, una «mujer» vendida como la digna de transitar el mundo y ser recordada así.

    Esa muñeca Barbie nos hace sentir repudio por la nutrición, deberíamos pensar que comer es castigo, al igual que, vernos acordes al paso del tiempo; que morimos para el mundo después de los 30, que si la sociedad hace hiperfoco en nuestras partes como las tetas y culos para vender, no somos nada más allá de ello y que en medio de nuestra desesperación y frustración deberíamos estar dispuestas a morir en un quirófano. 

    ‘La sustancia’ es una gran creación, pude sentir el repudio en la audiencia, un efecto que se permite la negatividad real que insta a una reflexión en el esperpento interior que el capitalismo y el patriarcado generan en nosotras a razón de nuestro sexo. Ninguno de los viejos asquerosos que fantasea con Sue, la modelo soñada por el personaje de Demi Moore, tiene estas mismas obsesiones. A los hombres, patriarcado y capitalismo también les dictan estándares de belleza, pero es distinto cuando la transformación ostenta una asíntota hacia el predador y no a la presa como sucede en el personaje de Patrick Bateman en ‘American psycho’.

    No entraré en detalles más allá del efecto de la película. Excelentes metáforas visuales. Me alegra haberla visto. Le auguro varios premios de la Academia.

  • Categorías deportivas femeninas a la merced del sinsentido ultramoderno

    Desde el 2011 en 3.047 ocasiones, hombres tramposos nos han quitado la victoria y en 5.066 veces la oportunidad de estar en un podio en distintos deportes en todo el mundo.

    Dejemos las cosas claras. La academia, la investigación y el deporte son arenas empoderantes para las mujeres y las niñas, urge que sean protegidas de la tara ultramoderna cuyo estandarte es el sinsentido. Siempre se ha tenido clara la razón por la que a las mujeres en Colombia hasta el 34, por dar un ejemplo, no se nos permitió ir a la universidad o por qué eran mal vistas las mujeres que en la misma década insistieron en querer practicar deportes de manera competitiva. Desde el 2011 en 3.047 ocasiones, hombres tramposos nos han quitado la victoria y en 5.066 veces la oportunidad de estar en un podio en distintos deportes en todo el mundo. Es lamentable la creencia de que competir con varones en nuestras categorías es feminista porque muestra que podemos igualarlos en rendimiento físico de algún modo—como si no tuvieran las ventajas biológicas que sí tienen —. Creo que hay que amar mucho la jerarquía que ha ejercido la sociedad patriarcal en nosotras para escupir ese tipo de aseveraciones acientíficas.

    Por estos días me han dicho hasta que las mujeres deberíamos dejar de ser perezosas y entrenar más como si autoexplotarnos con o sin ciclo menstrual, embarazadas o a no muchos de haber parido y poner más en riesgo nuestra salud mental —que ya sucede bastante aún sin hombres dentro de nuestras categorías en deportes de alto rendimiento— fuera el pago indiscutible de la inclusión forzada. Nos están quitando a las deportistas la justicia del mérito que reconoce los alcances biológicos de la disciplina y el juego limpio. En el 2014 un hombre de 38 años identificado como mujer le rompió el cráneo a Tammika Brents de 26. Los hombres pueden dar un puñetazo cuyo impacto es 162 veces mayor que el de una mujer. En rugby muchas mujeres temen enfrentar el equipo de Nicholas Morgan conocido como Kelly Morgan porque mide 1.87 y se lo ha descrito como “el plegador de mujeres”. El efecto que estamos generando al defender el irrespeto por lo que difícilmente las mujeres hemos ganado es que hoy, más que en cualquier otro momento de la historia, tengamos miedo a competir y nos alejemos de lo que le da sentido a nuestra vida como deportistas.

    ¿Es la misoginia y nuestro borrado jurídico el justo pago que deberíamos aceptar para no ser tildadas de promotoras de discursos de odio? ¿Deberíamos defender infantilmente el privilegio de los varones a apropiarse de nuestros espacios? Creo que toda feminista real y quien sea que tenga sentido de la lógica entiende cuáles son nuestras desventajas frente a los hombres. No se trata de menospreciarnos, se trata de custodiar las consecuencias de la realidad inmodificable. Realidad que además es la razón de nuestra opresión histórica: el sexo. Les dejo fuentes para que se enteren de otros datos que les volarán la cabeza —por si todavía quedaran dudas de lo que está pasando— y la declaración por nuestros derechos basados en sexo. Fírmenla, compártanla y difúndanla.

    1. https://www.hecheated.org/injury_report#combatsports 

    2. https://www.womensdeclaration.com/es/womens-sex-based-rights-full-text-es/

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  • ¿Convivencia o noviazgo?

    ¿Perderse para ganar al otro o ser y acontecer de vez en cuando juntos?

    «Al igual que todas las circunstancias que exceden de lo normal, el fuerte sentimiento amoroso no está en condiciones de creer en su propio fin, de formarse una imagen de su muerte, de su fenecer, y se regodea tanto de la más desenfadada seguridad de vida como de la más probada fidelidad carente de erotismo». 

    Lou Andreas Salomé

    Durante la fase del enamoramiento en relaciones monogámicas e incluso poligámicas, el afán de posesión —¡Sí, de posesión— de la otra u otras personas tiende a buscar el establecimiento de los enamorados en un mismo lugar. A la obsesión colonial naturalizada e inculcada socialmente: no le basta con la anulación de la realización personal y de las vidas de quienes integran las uniones, sino que tiene que instalar sus cámaras de seguridad y banderas en los espacios individuales en los que son y se desarrollan los otros. 

    Hace algunos años hablamos sobre esta disyuntiva con una pareja de amigos. Uno de ellos afirmaba que lo importante era saber qué era lo que estaba haciendo la otra persona mientras que quien es hoy su esposa soñaba con casarse por el simple hecho de protagonizar el ritual del matrimonio —cuestión que cultura, Estado, sistema y sociedad se han ensañado en fijar como una impronta imborrable en nuestra psiquis a las mujeres y se nos vende como el clímax del supuesto amor sin advertir lo que realmente se disfraza allí y la posteridad de su sobrevalorado «final feliz »—. 

    He conocido parejas que se rastrean por GPS, tienen acceso al WhatsApp del otro o a sus redes sociales,  vinculan sus dispositivos a los de la otra persona incluso ya conviviendo todo por ese apetito voraz de adueñarse no solamente de la permanencia sino crear una suerte de pertenencia mutua bajo el pretexto de ser « familia ». Pero, ¿qué resulta de hacer de esa intensidad inicial del enamoramiento invasión del otro y el primer motivo de convivencia que a menudo termina convirtiéndose en una hipervigilancia orwelliana? 

    La castración de la autenticidad y la intimidad del otro 

    Entre tanto se refuerza la codependencia emocional de manera inmadura, la vida de una persona termina volcándose en la de la otra. Normalmente si las personas no son lo suficientemente adultas mental y emocionalmente y carecen de vidas con un significado propio, el miedo a la soledad en el presente y futuro amenazarán con incertidumbre en la continuidad, asunto que justamente quiere evitarse con la convivencia o el matrimonio. Queremos de una u otra forma obligar al otro a llenar ese vacío que somos incapaces de llenar por nuestro lado invadiendo sus espacios personales. ¿Pero a qué se debe esa dependencia cuando se nos impone a las mujeres? 

    Recuerdo de adolescente y ya de adulta cuando mi mamá temía que saliera básicamente a cualquier lado sin un hombre mayor que yo —comprendo los riesgos que enfrentábamos las veces que salimos a la calle de niña, las persecuciones de viejos pedófilos violadores al salir del jardín de niños que nos hacía correr desesperadamente buscando pasar la avenida o refugiarnos en alguna tienda, pero nunca comprendí cómo era posible que el supuesto « hetero patriarcado » solamente nos respetara si nos acompañaba otro hombre. Ahí no hay ninguna filia hacia las mujeres sino ante todo hacia los hombres—. 

    Las características emblemáticas del arquetipo enaltecido de la doncella que se nos inculca a las mujeres no estandarizan otra cosa que un estereotipo de la jerarquía que es el género. Fundamentalmente nos priva de cualquier posibilidad de emancipación. Es un programa que nos hace desconfiar de nuestras capacidades individuales porque quiere decir que bajo esa premisa del miedo, a las mujeres se nos sigue infantilizando en la adultez. Nos hace creer que somos inválidas con frecuencia y que lo que mejor nos puede pasar —incluso teniendo nuestras carreras bien establecidas— es convivir, casarnos o tener hijos como si no fuéramos suficientes siendo quienes somos. 

    ¿Amantes o cuidadoras? 

    Sin embargo, al retomar esa dimensión que es la convivencia, este complejo de Estocolmo con el que a menudo vivimos las mujeres se refuerza en la convivencia. Alguien tiende a adoptar un rol de custodio de las tareas de cuidado, a veces al punto de negarse actividades para sí y evita que el otro se responsabilice de sí. Esto engendra una fuerte esclavitud doméstica —¿dónde queda la vida de quien es esclavizado: normalmente la mujer,  sobre todo cuando hay descendientes de por medio? Y si la mujer quiere ser mujer además de convivir, ser esposa o madre hay un fuerte estigma que gira en torno a ella: ante la norma patriarcal no podemos ser madres, convivir y ser mujeres libres al mismo tiempo—. Asunto que deriva en la  desvinculación de quien se acoge al cuidado del rol de su posibilidad de ser amante. Tengo la fuerte sospecha de que el enamoramiento se da cuando sabemos que el otro es independiente de nosotros y tiene una vida que es válida por sí misma. De modo que en la pérdida de ese dinamismo también se enuncia no solamente la muerte de ese ser amantes sino también la muerte prematura de la relación. 

    Deseo 

    La división entre «madonna » y puta surgen del punto anterior. La convivencia además de implicar a menudo la pérdida del dinamismo que enriquece normalmente las relaciones cuando se está desarrollando el noviazgo, hace que se desvanezcan los ritos individuales que posibilitan el florecimiento del otro y todo aquello de la pareja o que las personas son que refrescan el deseo. No obstante hay que tener en cuenta dónde se sitúa a tal o a cual mujer. A la  libre como igual, amante, Afrodita y a ese híbrido de Hestia, Hera y Gea como quien cuya tarea la supedita al cuidado del hogar y la nutrición del mismo, ese no haber perdido a mamá que tanto quiere el mamón. Normalmente a esta llega a un punto en que no se la desea, pero es clave para seguir edificando la continuidad porque no tiende a cuestionar su papel y sabemos que se acuesta con mamón—hombre que incluso de adulto depende de una mamá y que en este caso proyecta esa idea en su compañera—. De la otra no sabemos con quién se acuesta entonces se la ve como la puta pero transita en una nube de deseo. El deseo sigue en el aire cuando no tenemos el control de la otra persona y no deberíamos tenerlo porque en ese misterio: la otra persona es sí misma y bastaría con sentir satisfacción con quien se es para dormir con tranquilidad sin importar si una persona convive o no con nosotros. Eso sí, tengan la relación que tengan usen preservativos. 

  • ¿Por qué cuesta separar obra de artista cuando se trata de una mujer?

    Cuando hablamos de escritores, artistas, historiadores, filósofos, cineastas, deportistas, entre otras figuras de las esferas y dinámicas que dirigen el mundo, todas ellas encabezadas por hombres, por supuesto, solemos tener el deber de separar obra de artista. Lo que se ve a menudo como un ejercicio de sensatez que no le pide a la audiencia juzgar más allá de la creación o labor que hace reputado a un hombre parece ser otro privilegio de ellos. Las mujeres desde nuestras orillas de la creación y otros quehaceres seguimos pagando por el crimen de pensar libre y críticamente y este delito es más grave que la peor de las faltas cometidas por los hombres.

    Al mencionar a Althusser, uno de los filósofos estructuralistas que habló sobre las relaciones ideológicas entre sistema educativo y Estado, de cómo el primero garantiza la reproducción del capitalismo principalmente, pensamos en un hombre quizás con consciencia de clase y hasta detractor del sistema, en todo menos un feminicida. En el caso de Bertrand Russell, Llosa o Borges, seguimos pensando en claros aportes a la filosofía y a la literatura no en adherencias políticas que hagan de su legado filosófico o literario menos valioso. Sin embargo, cuando Chimamanda Ngozi Adichie habla de que las mujeres hacen la cultura y no al revés, hay un problema grave que se enfatiza cuando ella afirma también que el problema del género es que prescribe cómo debemos ser y no reconoce cómo somos. ¿Por qué? Porque problematiza asuntos que para la versión de feminismo trivial y amigable con el neoliberalismo son indiscutibles. Tanto así, que detona sus raíces. Cuestiona a quienes adhieren ciegamente con este invento a favor del status quo y del patriarcado, los desvincula de su culto y los encauza por una ruta distinta con una nueva actitud: la de dudar de todo particularmente cuando se ponen en un pedestal artefactos sociales que suponen mecanismos de opresión como género y cultura respectivamente. Sí, a esta gran escritora nigeriana la han querido cancelar en varias ocasiones por delito de odio incluso en la Feria Internacional del Libro de Bogotá hace dos años.

    En el caso de Laetitia Ky no es diferente, la artista plástica de Costa de Marfil ha sido blanco de boicot en sus muestras por tener una visión abierta y crítica de la prostitución, ya que ella misma fue víctima de explotación sexual. También ha sido objeto de ostracismo y cancelación por ser contundente al decir que no permitiría que quienes la han oprimido toda la vida vinieran a decirle que no sabían qué era una mujer. Ella ha hecho activismo claro por las víctimas no solamente de explotación sexual sino de planchado de senos, mutilación genital y matrimonios infantiles. Para ella como a las mujeres y niñas en los lugares más difíciles para ser mujer es claro que nuestra opresión parte del sexo.

    Para la triple saltadora Ana peleteiro, medallista olímpica en Tokio 2020, la defensa de las categorías deportivas y espacios para mujeres ha sido fundamental para fomentar el juego limpio. Por su postura que se alinea con los principios éticos de la Federación Internacional de Atletismo ha recibido incluso amenazas de muerte. Vituperios celebrados por organizaciones subvencionadas para perpetuar una versión de izquierda desleal a la propia izquierda. El capital altruismo en su variedad ultramoderna sigue apuntando en contra de nuestros derechos con excusas cortas de mente. El hombre de paja o la falacia más usada para ponerles coto a las posturas razonables de estas mujeres no es otra que afirmar que vienen de un lugar racista, blanco y privilegiado. Pero ¿de dónde vienen estos ejemplos?

    Los ejemplos de las mujeres que menciono vienen de lugares atravesados por la raza, clase, nacionalidad, etc, y prueban una hipótesis histórica: las mujeres siguen siendo las más oprimidas en cualquier territorio y contexto, todavía más cuando el lado que se comprometió con su lucha de más de 300 años de historia las traiciona y les exige obediencia al pertenecer al nuevo Estado. Sin embargo, es ahí cuando deberíamos retomar la inquietud de Althusser al inicio de este texto, e incluso mejor abordada en Nancy Fraser en Capitalismo Caníbal y es que el Estado dicta también al mercado nuevas maneras de oprimir. Por más de que se quiera vender la prostitución, los vientres de alquiler o la trivialización de nuestra única sujeta política como vindicaciones del feminismo o de la ideología de la izquierda no lo son. La izquierda en su versión neoliberal es la que se vende para asentarse por más tiempo en el poder, lo cual es una pésima estrategia porque es un regalo para la derecha en las urnas que su opositora le otorgue el discurso de la ciencia y de la razón.

    Mi respuesta a la pregunta inicial por el momento es que cuesta separar obra de artista cuando somos mujeres porque sea quien sea que gobierne estaremos frente a enemigos directos o enemigos camuflados de detractores del sistema o del patriarcado, estas dos escuelas no solamente han definido las dinámicas sociales sin importar el lugar del mundo sino que se actualizan para oprimir a las mujeres al poner como mal menor la misoginia.

  • ¿Es Judith Butler pilar del feminismo?

    Cuando me levanté ayer, una de las primeras noticias que vi fue de un artículo de El País en el que se enunciaba a Judith Butler así  “La intelectual estadounidense, una de las más influyentes de nuestro tiempo, regresa a su tema bandera con ‘¿Quién teme al género?’, libro en el que acusa a las feministas antitrans de formar «una alianza inconsciente» con las corrientes conservadoras, que han hecho del género una batalla cultural”.  Me parece sorprendente que gente que la lea o la haya leído no tenga curiosidades mínimas. Entonces, hablaré de algunas. El autor de esta columna sitúa a Butler como una «intelectual» pero no una cualquiera, una que baja de su pedestal a calumniar a feministas porque según ella querer abolir o erradicar la raíz de su opresión: el género, es digno quizás de alianzas con la derecha conservadora y no un acto apenas coherente y sensato con su historia de opresión. En ese orden de ideas ¿quién adhiere a perspectivas conservadoras, el que le dice a un niño que si se pone labial nació en el cuerpo equivocado o quien reconoce que hacerlo hace parte de un juego de niños?

    Tengo varias preocupaciones. La teoría de Butler reduce sujetos políticos observables en la historia a subjetividades como si esto no fuera un intento por dinamitar las luchas sociales para instrumentalizarlas a favor del capitalismo y la izquierda neoliberal en las urnas y mostrarios de ventas. Pero, hay algo que no se puede pasar por alto y es que alguien tiene que hablar de lo misógino y colonial que es reducirnos a las mujeres a meros “actos performativos del habla” a través de los cuales un hombre puede denominarse mujer. Habrá que decirle eso a las embera en Risaralda que si se llaman a sí mismas «hombres» ya no hay manera de que las mutilen genitalmente. ¡Cómo no se nos había ocurrido antes la grandiosa idea de que ya por denominarnos de otro sexo, raza, casta o nacionalidad renunciamos a toda la opresión que padecemos a razón de estas características inmutables y observables!

    Nancy Fraser en Capitalismo Caníbal tiene una forma bastante directa de entender esto: la concepción del capitalismo como un orden social institucionalizado nos ayuda a comprender que es posible desarrollar una crítica del capital desde dentro. Sin embargo, este punto de vista también sugiere que sería un error interpretar románticamente la sociedad, la organización política y la periferia como si estuvieran situadas «fuera» del capitalismo y se le opusieran. Si Butler sabe que la derecha y capitalismo son piezas del mismo engranaje institucional ¿Por qué cree que el lavado de luchas que promueve no detona el capitalismo que ella critica? Cuando ella defiende el género se posiciona del extremo opuesto a la derecha, pero retomando la idea del inicio ¿existe algo más normativo y hostil que el género que nos dice que si a un niño le gusta vestir falda nació en el cuerpo equivocado? Si este niño fuera gay ¿se entiende el grado de homofobia que implicaría decirle que su destino en la vida es alcanzar tener el cuerpo de una mujer por imposible que esto sea?

    ¿Qué pasaría si una niña viste con ropa de varón eventualmente porque se siente cómoda? ¿Nació ella también en el cuerpo equivocado porque la comodidad es una característica dada a los varones y debería buscar que su cuerpo se adaptara por fuera al de un hombre? ¿Existe algo más irresponsable socialmente que decirle a alguien no solamente que nació en el cuerpo equivocado y que es quien en su cabeza se le antoje aún cuando podemos estar generando confusiones de lo que es real y lo subjetivo en niños y niñas sin estas claridades? Bajo la excusa de despatologizar el mundo ¿podríamos tolerar personajes como Ted Bundy si un día se declararan mujeres y negar a sus víctimas?

    Si Butler es tan de izquierda ¿por qué insiste en reforzar un constructo tan individualista en una sociedad cada vez más desconectada de esa enorme parte vulnerable que es como es no porque así se nombró sino por rasgos observables en la historia? Hace más de 30 años que seguimos repitiendo las mismas políticas que promueven la inclusión también en tendencias de mercado. ¿Esto ha significado más derechos para mujeres y niñas en las partes más necesitadas del mundo? ¿Las niñas y adolescentes en Irán y Gambia pueden ir a la secundaria, luego a la universidad y emplearse con libertad? Bueno, ahí también estaría Butler para defender el género en las culturas en las que se les oprime más a las mujeres y las niñas. ¿Por qué hablar de feminismos y no de feminismo? Uno internacional suficiente como lo ha sido por más de 300 años con la conciencia colectiva necesaria para entender que no somos libres hasta que las demás lo sean. Y me refiero a tener plenitud en sus derechos no sólo los mínimos, derechos históricamente vulnerados gracias al género.

    Otra crítica que tengo que hacerle a Butler tiene que ver con el borrado de la experiencia del amor entre mujeres que Bonnie Zimmerman manifestaba ya en el 2008: en muchos lugares y de muchas maneras los discursos de las lesbianas y del lesbofeminismo han sido silenciados. Esto conlleva a la apropiación de nuestro trabajo (…) a la difamación de nuestros valores y existencia continuada y a la tergiversación y construcción ahistórica de los últimos 30 años. ¿Por qué no sería suficiente el amor entre mujeres para nutrir el significado del lesbianismo y así cimentar la política del feminismo? ¿Por qué tendríamos que anunciar que el lesbianismo que desafía lo heterosexual se podría gestar desde los hombres y pensar que no hablamos de heterosexualidad en caso de que ellos se enuncien «lesbianas»?

    Para cerrar dejo la siguiente cita de la incuestionable Judith Butler en su obra Deshacer el género para que respondan la pregunta del título y entendamos las consecuencias de permitir que personas como ella no sólo nos digan de qué va o no el feminismo sino las relaciones en general, por ejemplo las de padres e hijos menores: No es necesario ver el incesto de padre y su hijo o hija como una vulneración unilateral hacia el niño o niña porque cualquier vulneración que suceda quedará en la esfera de la fantasía. Aprovecho para decir que no adhiero con que muchos autores entre ellos De Beauvoir, hayan estado a favor de disminuir la edad de consentimiento a finales de los 70. Sí, la sociedad nos infantiliza hasta en la vejez, pero si decidiéramos legamente basados en el desarrollo de nuestra corteza prefrontal probablemente estaríamos preparados o preparadas para tomar las decisiones más difíciles a los 30. Concluyo con que todo activismo bien hecho tiene bases éticas racionales, no religiosas, y sujetos políticos delimitados. Deberíamos tener el coraje de pulir nuestros activismos para que sean enaltecidos por sus luces y hacerle todo más difícil al capitalismo que pone no sólo a gobernantes de derechas sino a personajes pro cuir que no dejan de bombardear el mundo.

  • Vivir con endometriosis

    A pesar de que la endometriosis afecta a cerca de 190 millones de mujeres y niñas en edad reproductiva en todo el mundo, no se sabe cuál es su causa. ¿Por qué? No lo sé. Las enfermedades de las mujeres no son estudiadas con la premura y el rigor que hace que las grandes potencias pongan a sus mejores investigadores a encontrar vacunas para disputarse su descubrimiento cuando una pandemia detiene la producción del mundo entero. La endometriosis también detiene a una gran parte de quienes representamos casi la mitad del mundo, pero es una afrenta contra nuestra humanidad reducir nuestro papel al de parir o producir para que el globo siga en marcha.

    Cuando tuve mi menarquía iba a cumplir 13 años, estaba en el salón del curso de lectura rápida y escuchaba a mis compañeros socializar sobre los libros que habían leído en la semana. En el grupo era la única hembra adolescente, había señores que querían forzarse a leer de negocios para hacerse ricos de la noche a la mañana, otros estaban obsesionados por los libros de Coelho y Riso para superar sus duelos posmatrimoniales, pero también estaba yo, que amaba la poesía, el ensayo, las novelas de ficción, leer cuanta cosa me explicara el funcionamiento del mundo o me hiciera formular nuevas preguntas. Leer y hablar de lo que leía tejía mis rupturas interiores, mi sentido de no pertenencia. Entendí que quienes no sentíamos pertenecer a alguna parte teníamos un lugar. Este ha sido un rito que hoy 20 años más tarde sigo disfrutando.

    Ese día Iba a hablar de Poe, del corazón y de las cataratas; de los dientes de Berenice; de una esposa que parecía revivir cuando un cuervo hablaba; de Valdemar y el intento de restaurar la muerte para jugar a ser dioses. Iba a hablar de todo eso cuando repentinamente justo ese día de plenilunio me bajó por primera vez. Una tibieza me invadía de adentro hacia afuera inusualmente. Un corrientazo había encendido esa ducha cálida y vaporosa de viscosidad de ungüento. Me enraizó a la silla. El dolor y el miedo adormecieron mis piernas. Mi corazón era una locomotora que probaba a volverse un TGV, despedía sustancias químicas distintas desde mis adentros y chorros de agua por mi frente. Pensé en no decir nada, así que cerré los ojos por un momento, descansé la cara que fallecía en los dorsos de mis manos mientras que alguno de mis compañeros hablaba de la competencia entre mercados y de cómo los millonarios debían su éxito al lema de Adam Smith. La sangre ése día me hervía y electrocutaba también. —Lo que sea que se esté desvaneciendo dentro de mí dejará huella en mis pantalones violeta claro, se verterá hasta mis pies y tendré que ponerme el saco en la cadera— pensé.

    Recuerdo haber sentido esas descargas que amenazaban con fulminarme días antes cuando me dejaba en pantaloneta para ir a clase de educación física, pero que también se disipaban cuando alargaba mis zancadas al correr. Poco sabía que ese salto a la adolescencia me advertiría de un proceso más doloroso con el paso de los años. La lectura al azar que me fue asignada ese día como evaluación de comprensión era sobre Leonardo y el diseño de unas alas que se basaban en la biomecánica de las aves y de los murciélagos. La esperanza que Kant decía que no tenía que perder algo me decía también. Cada vez que el síndrome premenstrual me pone de rodillas ante este mundo en el que no pedí nacer, me armo de valor e imagino que corro tan largo que me desprendo del suelo y que en la voluntad de encender mi cuerpo encuentro un par de alas enormes que son analgésicas. El deporte me devuelve ese fragmento vital que se lleva la endometriosis. A veces empujo las pesas de los aparatos del gimnasio como rogándole al cuerpo exorcizar ese dolor que conlleva la condición que padezco.

    Con el paso del tiempo aprendí a normalizar esta dolencia, sin embargo; el año pasado el cuerpo se hartó de fingir la gravedad de la endometriosis. Los achaques me hacían vomitar, a veces todavía me pasa. Es extraño que una dolencia te doblegue a ese punto. He vivido casi de todo, la progesterona ha acrecentado mis dolores porque además de padecer endometriosis soy una persona altamente sensible, por tanto, sus efectos secundarios me hunden en la tierra de una oscura y amarga depresión acompañada de migrañas y las náuseas de las que hablé anteriormente. Sé lo que es mojar las sábanas de sudor frío y no querer salir de allí. He vivido lo que son las inyecciones de medicamentos antihistamínicos en el endometrioma y todo el horror que puede ser que te introduzcan agujas y espéculos a través de la vagina.

    En años anteriores recuerdo haber dado con parejas irresponsables preocupados exclusivamente por su deseo, su ego de penetraciones profundas y descuidadas. Una vez supe lo que pasaba y descarté que fuera un tumor, fue también traumático el proceso, acudí a terapeutas alternativos. Me revictimizaron con asuntos que no tuve que haber vivido para darme frascos ámbar de vidrio con gotas homeopáticas. Me han dicho que me pasa por feminista, por no querer tener hijos, que soy débil porque no me aguanto los cólicos que se viven distinto cuando tienes endometriosis; que si soy rigurosa con la progesterona puedo evitar una laparoscopia. También me han dicho que al extirpar el endometrioma de dos centímetros menos del tamaño de mi útero, no tengo garantías de no tener más.

    En todo caso, resisto. Ser deportista me redime y me sana por unos instantes. Dependo de esto, de mantas calientes, de medias de un algodón esponjoso y de analgésicos. A menudo trabajo desde la cama dopada por pastillas que a veces no me sirven, soy responsable con mi alimentación porque cuando algo me cae mal me afecta doblemente y detona ese otro malestar con el que vivo. Mi diagnóstico fue tardío y vine a enterarme de él a través de una ecografía de despistaje cuando el endometrioma que tenía ya estaba grande.

    Tengo la fortuna de trabajar de manera remota lo más que puedo. Pero me pongo a pensar en aquellas adolescentes y mujeres que no pueden ponerse una bolsa caliente o tomar algo para mermar levemente su dolor en una oficina, de pie en un banco, una tienda o pasando frío en la calle. Hacen falta brigadas de atención menstrual para adolescentes y mujeres en las condiciones de mayor vulnerabilidad. A veces, la endometriosis hace menstruar más de 11 días como a mí me ocurrió.

    Necesitamos que el mundo invierta en investigación rigurosa para entender sus causas y enfrentar este cíclope cuyas células pueden crear más dolor y sangrado en otras partes de nuestro cuerpo además del endometrio. He conocido mujeres a quienes les han sacado el útero, el bazo y la vesícula por esta razón. Hay que romper el estigma no sólo de la menstruación sino de la endometriosis para identificar cuando los dolores premenstruales no son normales.

    Aunque la técnica de mapeo sirve para rastrear las otras zonas en donde puede alojarse el tejido del endometrio, los tratamientos de progesterona tienen efectos que afectan seriamente la salud de las mujeres como las migrañas, la depresión, la pérdida significativa de calcio que produce dolor muscular y articular entre otras. La endometriosis detiene nuestra capacidad de disfrutar la vida en plenitud y de crear puentes para lograrla.

  • ‘Pobres Criaturas’: antifeminismo con una propuesta visual atractiva aunque sobresaturada

    En medio de la conmoción de la película dirigida por Yorgos Lanthimos, escuché decir que Pobres Criaturas hacía “reivindicaciones feministas”. Sin embargo; compañeras en España,  por supuesto feministas,  me invitaron a verla y a hacer un análisis al respecto.

    La película trata de una suerte de médico Frankenstein que revive a una mujer que se suicida cerca de dar a luz. Debo aclarar que cada vez que escucho que un hombre puede hacer “reivindicaciones feministas” no pienso cómo esto puede ser posible sino en que no existe manera en que un hombre: un macho de la especie humana pueda hacerlo, ya que nosotras, las hembras humanas somos las sujetas políticas históricas de nuestro propio movimiento, por tanto las únicas en total capacidad de hacerlo. Podemos hablar de aliados de la causa feminista; sin embargo, quitarles a las hembras la oportunidad de hablar de sí mismas las desplaza como corazón de su propia lucha y se debe pensar de una manera cuidadosa.

    El hecho de que un Frankenstein, no el de Mary Shelley por supuesto, le haya dado vida a una mujer a quien además le pone el cerebro de un bebé me despertó bastante curiosidad. ¿Cómo resuelve esto el supuesto aliado de la causa feminista?,¿cómo soluciona los problemas asociados a la misoginia de siempre? La respuesta es que no lo hace. Y pareciera que no lo hace a propósito porque ponerle el cerebro de un bebé a una mujer habla de que Godwin no solamente la tomó de experimento sino de burla, al menos por la manera en que se desenlaza esta premisa en la obra. Quizás desde el sinsentido de la creación posmoderna esto se pueda ver como la obra emblema de Nabokov en la que la pedofilia no importa tanto como “la grandeza” de su autor y su habilidad narrativa. Sin embargo, ¿por qué una obra etiquetada como “reivindicación feminista” debería apreciarse así? ¿Será que la gente entiende de feminismo?

    Es inexplicable la transición de la mujer con cerebro infantil a la posible adolescente que además nunca menstruó o quizás siempre mantuvo un cerebro anterior a esa etapa lo que advierte algo más: no sólo esta es una obra que al ser de retro futurismo pudo haber elegido un rumbo no pedófilo de resolverse pero su creador lo eligió intencionalmente de nuevo. Pienso que este problema pudo solucionarse con un análisis de las etapas de desarrollo de Bella en la continuidad,  asunto que el mismo Godwin y su practicante anunciaron que harían y hubiera sido una respuesta ante el inconveniente del  paso del tiempo en esta creación pero no se hizo.

    La propuesta de transhumanismo no la tomo como transgresora sino que es contraria a lo que buscaría la obra. Si con la crítica al sistema se pretende liberar, el transhumanismo no resignifica lo humano, lo borra. Todo es ahora lo que quieran hacer de él y no lo que es en sí mismo o su historia y este destino lo condena a no ser. En ese futuro no pertenecemos ni a nuestra primera casa, la habitada por nuestros órganos porque el dios del experimento determina nuestra identidad final. Godwin termina apreciando a Bella porque fue mejor experimento que otra mujer que al parecer no avanzó tanto.

    Es inaudito, al menos desde la mirada feminista, que una mujer decida irse de aventuras con su abusador y que crea de alguna manera que decidir explotarse sexualmente, asunto que raramente sucede cuando se tienen los medios para subsistir, otro rasgo que muestra que el autor pensó en cualquier otra cosa menos en feminismo,  puede ser empoderante ya que se es “el propio medio de producción” como si no hubiesen proxenetas de por medio ni coerción detrás. Una de las pocas y cortas conversaciones entre mujeres en esta extensa película se da entre Bella y una prostituta racializada a quien el autor enuncia como socialista. No obstante; al parecer, el autor no indaga mínimamente en el feminismo socialista que es bien crítico de la prostitución. Pero luego intenta resolver el asunto cuando Bella le dice a la proxeneta que le interesa conocer con quien se va a acostar pidiéndoles anécdotas de infancia a las que ella responde con chistes. Sin embargo; nuevamente no se ve algo distinto a una burla al feminismo histórico y a nuestra ontología como mujeres.

    Me cuesta creer que el autor genuinamente tenga una visión progresista y feminista como quisiera verse. Lo caótico que termina en un punto sin salida es un gran final que reflexiona en lo distópico y su complejidad pero el final de la película es flojo. Llosa hace algo mucho mejor con el feminismo con el personaje de Flora Tristán en ‘El paraíso en la otra esquina’. Bien se sabe que Llosa se opone al progresismo entonces hace un buen papel siendo traidor en su narrativa pero hace algo muchísimo mejor que lo que ocurre aquí. Esta película parece uno de esos contenidos que compraría Netflix por su obediencia a la agenda de la Open Society. La actuación de Emma Stone es maravillosa, al igual que la presentación de algunas escenas con estética neogótica, surrealista y steampunk. Sin embargo, también siento que este ejercicio de no solamente saturar sino colmar de estímulos visuales genera vértigo y puede agotar a la audiencia fácilmente.