
En el blog oficial de Netflix, Stephen Graham, uno de los creadores de ‘Adolescencia’ manifestó que quería indagar en las razones que pueden llevar a un adolescente a apuñalar a una niña hasta la muerte. Sin embargo, aunque la miniserie de 4 episodios ofrece una mirada revictimizante del asunto al insistir en poner el foco en el victimario —de tal manera que la audiencia logre eximirlo de la culpa sin importar que sus compañeros hayan compartido y difundido imágenes de la víctima con el ánimo de sexualizarla— , se esperaría que los televidentes puedan llegar a hacerse estas preguntas: ¿quién moldea realmente la psiquis de nuestros hijos e hijas, la 2,0 o nosotros? ¿Por qué un niño de 13 años piensa que en vez de trabajar en sus inseguridades debe hacer parte de un movimiento que no solamente odia a las mujeres sino que piensa que su asesinato es un tipo de justicia, vidicación o expiación masculina? Aunque muchas personas insistan en que el personaje principal no se identifica como célibe involuntario, el hecho de desvivir a una niña por rechazarlo es un comportamiento de célibe involuntario.
Es importante reflexionar en las dinámicas que justifican el delito a los ojos del asesino adolescente. A los ojos de Jaimie se espera que las niñas y las mujeres no solo no sepamos decir que no, sino que no tengamos una actitud crítica frente a las dinámicas en las que los varones fomentan violencia hacia nosotras. Este pensamiento justifica el asesinato y la violencia que ejerce contra su psicóloga. El adolescente viene de un hogar en el que al parecer nunca se cuestionan las decisiones del padre y de hecho se hace lo que él diga. No obstante, los padres de Jaimie son conscientes de que su hijo está siendo educado por el celular con el que interactúa hasta tarde. Los detectives y el hijo de uno de ellos sugieren que es probable que Jaimie haga parte del movimiento de célibes involutarios. Pero ¿cómo es que un niño de 13 años se identifica con una secta de adultos que odian a las mujeres? Aquí vale la pena detenerme porque evidentemente además del modelo de familia patriarcal, la 2.0, la pornografía, el afán de nuestros hijos de pertenecer a algún lado y relacionarse precozmente con la sexualidad están criando asesinos y violadores cada vez más jóvenes.
Las pantallas digitales en todas las plataformas despliegan una red infinita de hipersexualización y cosificación de mujeres y niñas. Mientras que grupos como los de Telegram facilitan videos de miles de violaciones a hembras humanas de todas las edades, vínculos y nacionalidades en todo el mundo, hay una caterva de hombres y adolescentes que adoptan las fantasías de violadores, puteros y feminicidas. «Ir a las cariñosas es más barato y no es tan doloroso como el amor» decía un influenciador de Instagram en el feed el otro día. Al revisar los comentarios de respuesta pude notar que uno decía que lo más seguro es que ninguna de ellas diera sus «servicios» por deseo genuino, las respuestas a este comentario eran tan incómodas que daban a entender que nuestra función como mujeres —a los ojos de los varones— se reducía a ser sacrificados agujeros o productos de satisfacción de ellos:ser putas o traerles hijos al mundo básicamente. Me parece incomprensible que existan grupos de mujeres que defienden la hipersexualización y mercantilización de nuestros cuerpos como empoderamiento o vindicación feminista, o que defiendan nuestra sumisión frente a la voluntad de los varones.
En esos videos hay muchos simpatizantes de esas ideas, los detractores del sistema patriarcal o son muy pocos o brillan por su ausencia. La empatía entre machos en sus cagadas quizás sea esa la razón por la que Jaimie, el asesino de ‘Adolescencia’ elige a su padre para acompañarlo en todo el caso y por qué sus dos amigos se empeñan en no decir nada al respecto. En las sesiones con la psicóloga que lleva el caso del asesinato, Jaimie le cuenta que su desinterés — a pesar de haber salido con ella— se debe a que tenía pecho plano. Una aseveración que muestra que incluso desde la niñez o adolescencia a los varones se los programa y socializa para hipersexualizarnos y vernos puntualmente como objetivos sexuales. La psicóloga por alguna razón siente que debe ser especialmente amable con el asesino, quisiera pensar que para hacerse las cosas fácil aunque en realidad se la ve bastante asustada e invalidada en su labor a pesar de ser una adulta y profesional. De aquí surge mi pregunta final ¿qué es lo que realmente nos asusta como mujeres, adolescentes o niñas: un niño, adolescente u hombre o su psiquis patriarcal de posible abusador o feminicida?

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