La brújula de Eleuteria

El grito de libertad de una, el aliento para la libertad de todas.

Alejandra Rodríguez Peña.

El dios de la sociedad neoliberal y la supermujer: misoginia todopoderosa de la 2.0

(..) Némesis, la diosa de la venganza, hizo que el joven se enamorara de su propia imagen reflejada en una fuente. Y tan enamorado estaba, que al intentar alcanzarla acabó arrojándose a las aguas. 

Mito de Narciso 

Metamorfosis de Ovidio 

Esta mañana al escuchar un pódcast en el que una influenciadora entrevistaba a Antoni Bolinches, filósofo y psicólogo clínico español para reflexionar en la brecha que existe entre hombres y mujeres admirables, pude constatar cómo la sociedad del rendimiento ha contaminado nuestras relaciones afectivas al punto de detonar la crisis de la mujer exitosa inconforme versus el hombre exitoso, que simplemente es feliz al ser admirado y puede escoger cualquier relación cómoda. Esta disyuntiva deja entrever un nuevo tipo de misoginia de la 2.0  de la que quizás pocas nos hemos percatado. La sociedad del rendimiento se rige por tres premisas: la de la acumulación, la de la acelaración y ante todo: la del narcisismo. 

El minimalismo que supone hoy en día una persona en proceso de transformación, como en realidad vive la humanidad la mayor parte del tiempo no sirve. La sociedad del rendimiento nos obliga a pensar como una empresa. La dialéctica, ejercicio construido en el ocio que forja transformaciones individuales y colectivas importantes, al igual que la lectura crítica o valores genuinos que hacen continuidad no son suficientes, ya que no dan tanta reputación como una buena cuenta bancaria, estatus de algún tipo o reconocimiento público.  La aceleración del logro que sería la colonización plena de la alteridad sea en el contrato del matrimonio o de la convivencia detona una humanidad pavorosa de su soberanía. 

Normalmente los psicólogos ponen la ansiedad de tener pareja como miedo a la soledad; sin embargo, me parece que el problema real es el miedo a la soberanía, a la plena independencia, a la autonomía en un mundo que nos moldeó hasta la manera de pensar y que nos atrofió los órganos vitales para ejercer la libertad. La soledad es un espacio en el que podemos reavivar esos órganos, encontrar un refugio para reflexionar y también para no hacerlo, por derecho mínimo al ocio propio. Esto no quiere decir que estemos negando el sentido humano de la extrañanza del otro, por el contrario, la distancia justamente hace valorar las relaciones, mantiene vivos asuntos vitales para el funcionamiento sano de cualquier relación como son el aprecio y el deseo. 

La ansiedad que nos provoca la sociedad del rendimiento no es aquella que se regocija en la espera del acontecimiento que pueda ser el encuentro con el otro, sino el miedo a la soberanía, de vernos como esperpentos en el espacio en que no estamos con el otro y escuchar voces interiores que al igual que el capitalismo, nos bombardean bajo la premisa de que nunca seremos suficientes para nada. La ansiedad narcisista desencadena la depresión. Las mujeres así como nuestro movimiento deberíamos prescindir del parásito neoliberal que nos ha invadido a este punto. 

Narciso habría encontrado redención de haberse abierto a la relación con la ninfa Eco. Al sumergirnos en la escucha de la narración en la que el otro se construye, nos vaciamos del fatigado yo que continuará agotándose en los espejos publicitarios de la 2.0. La contemplación de la Madre Tierra tiene ese gran poder también. Sobra decir que la tara expuesta en este ensayo también descubre el mal de la idea de la supermujer que no es una idea feminista sino más bien una esencialmente neoliberal.

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