La brújula de Eleuteria

El grito de libertad de una, el aliento para la libertad de todas.

Alejandra Rodríguez Peña.

¿Por qué cuesta separar obra de artista cuando se trata de una mujer?

Cuando hablamos de escritores, artistas, historiadores, filósofos, cineastas, deportistas, entre otras figuras de las esferas y dinámicas que dirigen el mundo, todas ellas encabezadas por hombres, por supuesto, solemos tener el deber de separar obra de artista. Lo que se ve a menudo como un ejercicio de sensatez que no le pide a la audiencia juzgar más allá de la creación o labor que hace reputado a un hombre parece ser otro privilegio de ellos. Las mujeres desde nuestras orillas de la creación y otros quehaceres seguimos pagando por el crimen de pensar libre y críticamente y este delito es más grave que la peor de las faltas cometidas por los hombres.

Al mencionar a Althusser, uno de los filósofos estructuralistas que habló sobre las relaciones ideológicas entre sistema educativo y Estado, de cómo el primero garantiza la reproducción del capitalismo principalmente, pensamos en un hombre quizás con consciencia de clase y hasta detractor del sistema, en todo menos un feminicida. En el caso de Bertrand Russell, Llosa o Borges, seguimos pensando en claros aportes a la filosofía y a la literatura no en adherencias políticas que hagan de su legado filosófico o literario menos valioso. Sin embargo, cuando Chimamanda Ngozi Adichie habla de que las mujeres hacen la cultura y no al revés, hay un problema grave que se enfatiza cuando ella afirma también que el problema del género es que prescribe cómo debemos ser y no reconoce cómo somos. ¿Por qué? Porque problematiza asuntos que para la versión de feminismo trivial y amigable con el neoliberalismo son indiscutibles. Tanto así, que detona sus raíces. Cuestiona a quienes adhieren ciegamente con este invento a favor del status quo y del patriarcado, los desvincula de su culto y los encauza por una ruta distinta con una nueva actitud: la de dudar de todo particularmente cuando se ponen en un pedestal artefactos sociales que suponen mecanismos de opresión como género y cultura respectivamente. Sí, a esta gran escritora nigeriana la han querido cancelar en varias ocasiones por delito de odio incluso en la Feria Internacional del Libro de Bogotá hace dos años.

En el caso de Laetitia Ky no es diferente, la artista plástica de Costa de Marfil ha sido blanco de boicot en sus muestras por tener una visión abierta y crítica de la prostitución, ya que ella misma fue víctima de explotación sexual. También ha sido objeto de ostracismo y cancelación por ser contundente al decir que no permitiría que quienes la han oprimido toda la vida vinieran a decirle que no sabían qué era una mujer. Ella ha hecho activismo claro por las víctimas no solamente de explotación sexual sino de planchado de senos, mutilación genital y matrimonios infantiles. Para ella como a las mujeres y niñas en los lugares más difíciles para ser mujer es claro que nuestra opresión parte del sexo.

Para la triple saltadora Ana peleteiro, medallista olímpica en Tokio 2020, la defensa de las categorías deportivas y espacios para mujeres ha sido fundamental para fomentar el juego limpio. Por su postura que se alinea con los principios éticos de la Federación Internacional de Atletismo ha recibido incluso amenazas de muerte. Vituperios celebrados por organizaciones subvencionadas para perpetuar una versión de izquierda desleal a la propia izquierda. El capital altruismo en su variedad ultramoderna sigue apuntando en contra de nuestros derechos con excusas cortas de mente. El hombre de paja o la falacia más usada para ponerles coto a las posturas razonables de estas mujeres no es otra que afirmar que vienen de un lugar racista, blanco y privilegiado. Pero ¿de dónde vienen estos ejemplos?

Los ejemplos de las mujeres que menciono vienen de lugares atravesados por la raza, clase, nacionalidad, etc, y prueban una hipótesis histórica: las mujeres siguen siendo las más oprimidas en cualquier territorio y contexto, todavía más cuando el lado que se comprometió con su lucha de más de 300 años de historia las traiciona y les exige obediencia al pertenecer al nuevo Estado. Sin embargo, es ahí cuando deberíamos retomar la inquietud de Althusser al inicio de este texto, e incluso mejor abordada en Nancy Fraser en Capitalismo Caníbal y es que el Estado dicta también al mercado nuevas maneras de oprimir. Por más de que se quiera vender la prostitución, los vientres de alquiler o la trivialización de nuestra única sujeta política como vindicaciones del feminismo o de la ideología de la izquierda no lo son. La izquierda en su versión neoliberal es la que se vende para asentarse por más tiempo en el poder, lo cual es una pésima estrategia porque es un regalo para la derecha en las urnas que su opositora le otorgue el discurso de la ciencia y de la razón.

Mi respuesta a la pregunta inicial por el momento es que cuesta separar obra de artista cuando somos mujeres porque sea quien sea que gobierne estaremos frente a enemigos directos o enemigos camuflados de detractores del sistema o del patriarcado, estas dos escuelas no solamente han definido las dinámicas sociales sin importar el lugar del mundo sino que se actualizan para oprimir a las mujeres al poner como mal menor la misoginia.

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