La brújula de Eleuteria

El grito de libertad de una, el aliento para la libertad de todas.

Alejandra Rodríguez Peña.

¿Con qué quedarse y con qué no? Una disertación necesaria para no caer en machismo e individualismo.

Hace más de una década me formé como terapeuta holística, he trabajado hace casi 8 años en una casa holística como directora, he organizando eventos, gestionando actividades, he sido meditadora, he escrito por y para las mujeres. Sin embargo siento que este artículo de opinión, por supuesto, quizás le sirva a otras personas a ser eclécticas y no grandes partidarias de la pseudo espiritualidad como pathos de vida.

Recuerdo estar sentada escuchando a la que era mi maestra de meditación y sacerdocio por años hablar de energías, decirme que me faltaba energía femenina o que la realidad la creábamos o era resultado de leyes de manifestación y no de errores como sociedad en la historia. «Las mujeres no dejan a los hombres ser hombres» o «tú creaste esta realidad». Muchas de sus acotaciones partían de sesgos que debo decir son recurrentes en el discurso de la nueva era como: la renuncia de la mujer y su ontología para ser políticamente adecuada, encontrar pareja y hacer funcionar sus relaciones a la vez que reduce las realidades complejas que componen el mundo a frases infantiles e individualistas.

En el mundo del coaching he escuchado un sinnúmero de veces que la mujer se empodera produciendo. «Las mujeres no lloran, las mujeres facturan» creo que a este punto se ha convertido en lema no solamente del año sino que debido a la mención de las únicas sujetas políticas del feminismo, ya hace parte de las conversaciones cotidianas de la mayoría de jóvenes y adultas en todo el mundo. Pero ¿A quién le beneficia que las mujeres no encontremos otro objetivo en la vida que producir? ¿A quién conviene la pérdida de nosotras mismas en un camino que se desdibuja por sí mismo si no producimos? Por supuesto que el dinero importa y habrá mujeres que me digan que es transgresor pensar en «producir» en vez de dedicarnos a labores con las que malintencionadamente la historia nos ha relacionado. No obstante, para mí siempre será una manera extractivista de concebir la condición humana y particularmente la ontología de las mujeres: sino van a parir, asegúrate de que sean esclavas del dinero y no les importe cómo lograrlo.

Algunas personas terminan en el camino de la «espiritualidad» por decepciones con la religión o en la vida. Algo así me pasó también, pero aunque no encontré respuestas ni tampoco soluciones a nada, al menos aprendí a controlar mi respiración y ya que tanto me hablaron del amor propio, encontré el coraje para salir de distintas situaciones adversas. Sí, aunque no es algo en lo que sugiero quedarse, porque es justamente allí cuando surge otra de las malditas taras de la sociedad actual: el culto cansino al yo, todo gira en torno a eso. También caí allí y siento una vergüenza infinita. Afortunadamente como mencionaba en un post anterior me llegó la madurez. Perfiles con miles de selfies con pies de fotos de superación personal parten de pronombres personalizados que reflejan lo ajenas y ajenos que podemos estar de lo que sucede en el mundo.

Alejandra Rodríguez Peña.

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