La brújula de Eleuteria

El grito de libertad de una, el aliento para la libertad de todas.

Alejandra Rodríguez Peña.

Cuando no aspirar a lo transgresor


Del universo de la creación a la realidad

La creación es un mundo que se nutre de lo transgresor. Normalmente leer algo plano, predecible y sin dificultades qué resolver es soso. Lo fascinante de Pieter Brueghel es la exposición de lo humano con muchas de sus absurdas truculencias. Recuerdo a tantos profesores de la maestría en Creación Literaria enunciarlo. Sospecho que tienen toda la razón pero cuando lo que se transgrede es la barrera de la ficción para hacer un salto hacia la realidad hablamos de una puesta en abismo distinta. Esta invasión del mundo de la creación a la vida de afuera ilumina los desafíos más grandes de la sociedad de antes y la actual: la emancipación de creencias metafísicas que perpetúan opresión; el entendimiento de que nunca estaremos terminados por lo cual configurar el mundo conforme a nuestros deseos particulares es sobre todo una herramienta de provecho neoliberal y que no podemos seguir permitiendo que los discursos de coacción den forma al mundo.

Hago otra claridad. En el mundo de la creación lo moral aburre; sin embargo, la realidad y sobre todo los movimientos sociales necesitan de barreras éticas para protegerse de que las grandes corporaciones y políticos que, usualmente los abandonan tan pronto como llegan al poder, los usen como escaleras políticas y se apropien de sus narrativas para encantar muchedumbres. Hablar de feminismo es hablar de una sujeta política: la mujer y de sus luchas históricas contra todos los tipos de opresión que enfrenta en todos los contextos del mundo por nacer hembra. ¿Por qué? Porque nacer hembra en India, Nepal, China o Afganistán significa muchas veces dos cosas, o te matan cuando saben que nacerás hembra o cuando tienes un año de vida porque eres una casta que secunda a los machos. Significa a menudo también mutilación genital, al igual que las emberá chamí en Risaralda, porque tener vulva te hace automáticamente impura y tener un útero quiere decir que si eres campesina serás más productiva no teniéndolo y se enviudas y quedas sola en el campo entonces puedes morir quemada por bruja. Nacer hembra en Afganistán significa que nunca podrás trabajar ni estudiar y que si lo intentas puedes morir envenenada o golpeada brutalmente. Nacer hembra en muchos países africanos y aquí en La Guajira a veces significa que te vendan en un matrimonio arreglado con pedófilos o que te usen de moneda de intercambio. Todas estas realidades son observables, medibles y cuantificables. Nada de esto surge de una autopercepción de sí.

No me caben en la cabeza los imaginarios patriarcales de las culturas que fomentan estos tratos hacia las mujeres, todas esas cosmogonías entre otras razones irreales para justificar la existencia que avalan tragedias que sufrimos a diario. Recuerdo hace algunos años cuando practicaba rigurosamente la meditación escuchar a una de mis maestras de meditación hablar sobre el sagrado femenino, que teníamos que ser suaves y dulces o ponernos huevos de obsidiana en la vagina para limpiarnos del karma de los hombre con quienes nos habíamos acostado. ¿Cómo podemos normalizar aceptar consejos de creencias de la Nueva Era o de religiones salidas de tanta misoginia? No sé decir cómo tantas caemos ahí. Quizás en esa búsqueda de encuentro con eso subjetivo metafísico que nos libre de la responsabilidad de ser al menos dueñas de nuestro pensamiento.

De todo esto rescato que aprendí a respirar, entendí el valor del rito, puntualmente sacralizar momentos para amarme, reconocerme sin juicios, reconocer mi fortaleza y observar mi proceso además de llevar un registro de él para en el futuro dar cuenta de qué había cambiado. Recuerdo que por esa época una compañera del equipo de atletismo de la Javeriana con quien también compartí clases en el pregrado: Lenguas Modernas fue asesinada por su pareja. Situación que me atravesó al punto de hacer un diario junto con una amiga terapeuta para que muchas mujeres encontraran el coraje para reconocer su valor y deconstruir lo que usualmente la mitología cuenta de nosotras por medio de arquetipos.  

Hablo de deconstrucción desde lo ontológico, esa necesaria liberación de lo impuesto como pensamiento o decisión propia. Esa oportunidad de cuestionarlo todo para decidir cómo estar en el mundo, algo que debería poderse en todas partes. Hago esta claridad porque en los discursos de muchos jóvenes en la actualidad y de teóricos de lo cuir, deconstruirse tiene que ver con aceptar lo transgresor por antiético que sea. Por ejemplo, en Deshaciendo el género de Judith Butler cuando ella habla del tabú del incesto plantea que hay ocasiones en que el incesto de padre e hijo no es violación:

“No es necesario ver el incesto de padre e hijo como una vulneración unilateral en el niño por parte del padre porque cualquier vulneración ocurre en la esfera de la fantasía. De hecho entender que la violación que el incesto puede ser –distinguir entre las ocasiones en que el incesto es violación y aquellas en las que no–”.

Por otra parte Gayle Rubin en la página 146 de Del género a la sexualidad a finales de la página 146 y comienzos de la página 147 habla del pánico de la pornografía infantil que se creó por unas fotografías de desnudos de hombres y del hijo de la artista que las tomó masturbándose, luego dice que los “amantes de los niños” no tienen quién defienda sus libertades civiles y que en 20 años dejarán de ser estigmatizados.

Pongo en evidencia estas pruebas porque muchos medios publican que quienes asocian lo cuir con la pedofilia son usualmente religiosos de derecha y yo soy una feminista atea lejos de ser conservadora que considera que nada debería situarse por encima de las fundaciones éticas que conllevan al establecimiento de los derechos humanos. Cuestiono esta teoría y su agenda porque pretende instaurar los deseos individuales por encima de lo colectivo al mejor estilo neoliberal. Pongo otro ejemplo: con la ley Sólo sí es sí propuesta en España por Irene Monterose absuelven a los violadores de violaciones por asuntos de consentimiento. Y yo me pregunto: ¿Existe una violación consentida? ¿Afirmarlo a quién le sirve además del violador? Esta ministra de igualdad es pro regulación del sistema prostituyente no obstante entre el 90 y el 95% de las mujeres y niñas prostituidas en su país son víctimas de trata y el 5,07% es población trans, según un informe de Médicos por el Mundo. A Irene Montero se le llena la boca cuando manifiesta estar a favor de la población trans pero  ¿a sabiendas de que la prostitución la mayor parte del tiempo expone a estas personas y a otras más discriminadas a trata de personas, es sensato y amable someterlas a este mundo atroz cuando su expectativa de vida está entre los 35 a 41 años? No. Ahora, vender la prostitución como trabajo es ante todo un reconocimiento de que le quedó grande dignificar la vida de las personas más vulnerables, que no está del lado de las mujeres sino del negocio proxeneta y del deseo sexual masculino que como deseo nunca será derecho. Y si fuera así, que los deseos fueran derechos, le permitiríamos a pederastas autopercibirse como niños para asaltar entre otros escenarios también muy aberrantes.

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