La brújula de Eleuteria

El grito de libertad de una, el aliento para la libertad de todas.

Alejandra Rodríguez Peña.

Permítase sentirse defraudada

Afortunadamente me llegó la edad de volver a la niña que se preguntaba por todo aunque a esto le sumo algo más: me permito sentirme defraudada. Ya no estoy en la época de afirmar que mis placeres culposos me empoderan, que lo que transgrede es siempre bueno o que los partidos políticos no se equivocan porque son salvadores. Estoy en una edad en la que se que mis gustos particulares no necesariamente tienen por qué ser empoderantes. Me sucede más bien el efecto contrario, me siento fundamentalmente herida por mis gustos. El tipo de arte, documentales y libros que consumo tienen la cualidad de herir. Y digo cualidad porque me parece que en esa medida están logrando algo bueno los artistas o creadores porque dan cuenta de una realidad indolente y hostil que tenemos que cambiar con urgencia.

Con el feminismo y el veganismo aprendí a deshacerme de ese afán individualista que es más que nada disonancia cognitiva que en muchas ocasiones nos pone a pensar en lo que es cómodo o agradable para nosotros y otros dos factores fundamentales: el primero que la única forma de respetarlos como movimientos es entendiendo sus sujetos políticos sin incluir otras luchas distintas ya que ambos movimientos, de manera independiente son reacciones radicales, es decir que apuntan a interpelar y buscan remover la raíz de la supremacía antropocéntrica que le otorgó al hombre el poder sobre todo en vez de conciencia de ser parte de todo; y el segundo: que la ética es fundamental, necesaria y suficiente para respaldar estos u otros movimientos en su capacidad de erigir una sociedad más justa.

Entre tanto escribo esta nueva entrada recuerdo las veces en que me sentí decepcionada por lugares a los que consideré sin dudar: propios. Esas creencias impuestas que una da por ciertas: Dios o el hombre quien en su afán de inventarse más grande para justificar sus delirios y siglos de opresión perpetua en el mundo a su nombre comenzó con uno de los errores más grandes en nuestra historia: dominar a través de subjetividades. La incondicionalidad de la familia cuando esta suele ser silente y permisiva ante los abusos de cualquier índole a menos de que haya intereses de por medio. El gobierno que de izquierda, centro o derecha olvidará siempre las promesas que haga a militantes de ciertos grupos cuando ascienda al poder. Por ejemplo, entrando en materia, el gobierno actual de Colombia se eligió en gran parte por votos feministas. Sin embargo con la dirección de servicios sexuales pagos. Fantine, o las mujeres y niñas prostituidas hoy renuncian a la asíntota de tener proyectos de vida fuera del burdel y una vida digna como lo mencionaba María Fernanda Arboleda, directora de la Asociación de sobrevivientes de trata con fines de explotación sexual en el plantón feminista del pasado 13 de julio.

En este último aspecto, a través de la lectura de teóricos y teóricas como Gary Francione en el veganismo, Derrick Jensen en ambientalismo y Amelia Valcárcel o Marcela Lagarde en el feminismo pude observar que en esos movimientos el fenómeno de la regulación busca políticas ampliamente bienestaristas para los hombres y consumidores, que no existe manera ética de violar o explotar y que el interseccionalismo borra los sujetos políticos de estas luchas. A veces por esa falsa empatía no progresista de pensar que «todo suma» más bien se invisibilizan los sujetos políticos de estas luchas.

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