Sí. Permítase ser políticamente incorrecta. Permítase no ser la mujer siempre acomedida. Abrace su descontento, sus dudas. Expréselas y valide con sus palabras nuestro derecho más orgánico y revolucionario: el derecho a pensar. Siéntase entendida por quienes son genuinas y han atendido a la razón. Sea de las auténticas que pasan con orgullo mal miradas por quienes piensan estar abrigados por banderas libertarias aún cuando les piden un código de obediencia al patriarcado y cuya condescendencia permite atrocidades. Sensatez es defender nuestra existencia sobre el deseo masculino de apropiarse de nosotras y reducirnos a actos de habla o subjetividades. Los vientos de Eleuteria le llevarán a otro lado. A la tierra de las libres. Porque si alguien es libre es cuando se permite incomodar.
Bien. Habiendo dicho las palabras mágicas que dan apertura a la edad del aplomo solo diré una cosa: a quien sea que le molesten más las mujeres que cuestionan que quienes aceptan agendas políticas de moda vendidas como salvadoras que nos quitan a las mujeres nuestro lugar como sujetos políticos y además de esto: apoyan la trata de personas o el derecho masculino que ningún hombre tiene: violar a las mujeres con la justificación de darles «trabajo» o comida : no son feministas.
¿Por qué? Porque no solo no les interesa que el mundo deje de enfocarse en
los problemas que nos siguen oprimiendo a las mujeres en los lugares menos
garantes de derechos como en otros más privilegiados en donde a pesar de contar
con más oportunidades de vida digna lo que encuentran muchas veces es un
escenario desolador, sino que reducen nuestra infinita capacidad de pensamiento
a la sumisión del patriarcado. Motivo del feminicidio en masa más grande de la
historia: la inquisición y la razón por la que a muchas se les sigue asesinando hoy.
Nos siguen asesinando porque la mujer que piensa críticamente es la que pare
el mundo del cambio y ha sido demonizada no solo tradicionalmente sino ahora
por polemizar y poner en duda el final feliz político ultramoderno. Una
distopía en la que las mujeres carentes de sentido de otredad y compasión con
quienes padecen las realidades más deleznables condenan a estas segundas a
nunca salir de la esclavitud. Nuestra capacidad para pensar destroza cadenas y
moviliza a mujeres hacia la libertad. La sumisión y el silencio siempre
serán los grilletes y vendas más dolorosos de las sociedades.
Concluyo esta entrada con una reflexión que escribí luego de leer a Nawal El
Saadawi y Amelia Valcárcel: El feminismo no le pertenece a un grupo de mujeres
blancas. Pertenece a todas y se detonó en los conflictos individuales y
colectivos que experimentamos en todo el mundo. La palenquera, la iraní, la
embera, la campesina, la mujer con o sin habitación propia en cualquier lugar
como las demás hembras de la especie humana se encuentran allí como único
sujeto político suficiente para empoderar la lucha que no es nada menos que la
de todas.

Deja un comentario