La brújula de Eleuteria

El grito de libertad de una, el aliento para la libertad de todas.

Alejandra Rodríguez Peña.

Todo club se reserva el derecho de admisión ¿Verdad? La Brújula de Eleuteria es el espacio para las desertoras que después de mucho pensar en su habitación impropia se fueron de casa y quisieron buscar el exilio en alguna parte.

La edad de permitirme desagradar sigue estableciéndose. Hay tantos fragmentos de mí misma que ya no me representan. Hablo de fragmentos porque tuve que romperme para inventarme distinta. Hay que destruirse para crearse. Entre aquellas partes de mí que quedan como vestigios en alguna parte de mi historia puedo decir con franqueza que recuerdo haber sido permisiva y sonriente y haber estado enceguecida por la belleza de la soledad cuando desde la esfera individual no tendría que preocuparme nada material. Pero hay otra parte de mí a la que sigo recurriendo a veces que explica por qué llegué a esas actitudes que describí anteriormente y la respuesta es : la resignación. La muerte de la fe. Querer tapar el vacío infinito con la mentira de los platonismos, la vida de superficie y el pomposo apellido que en su momento acarreaba.

Regresé a mí misma, a conocerme, a habitarme por una vez luego de mi segundo divorcio. Fue allí cuando pude echar abajo cualquier aspiración romántica. De algún modo esa mujer eleutérica, orgánica y sensata a quien enjaulé a propósito por mucho tiempo me lo pedía pero fue ella quien me salvó y me ha salvado en múltiples ocasiones. La primera vez de mi primer esposo que me concebía como propiedad y me encerraba. Y del segundo que me veía como droga cuando se sentía miserable para luego echar abajo todo cuanto conseguí con esfuerzo si le daba por drogarse o alcoholizarse. Esta segunda experiencia en medio de toda su violencia me llegó a mostrar que la siguiente en ser destruida podía ser yo además de todo lo que quise construir con él un día por supuesto.

A veces sueño que vamos a dar al mar porque cuando se enfadaba conducía tan rápido que pensaba que nos iba a matar y su tendencia a mantenerse en redes y aplicaciones de citas aún estando casados era lo que menos me interesaba en ese momento. Pero en realidad nada importaba después porque simplemente volvíamos a casa o a una jaula de oro con vista a un hermoso valle con Manchester a lo lejos así luego hiciera como en las vacaciones en Estados Unidos. Comprar un arma para dejarla en la habitación y volver siempre a lo mismo. Afortunadamente Eleuteria mató esa versión impostora de mí.

Llamaré Eleuteria a esa parte de mí que me permitió contar la historia, graduarme de Lenguas, terminar la maestría en Creación Literaria. Haber escrito y bailado. Activar desde el veganismo y el feminismo. A Eleuteria le debo la capacidad para reflexionar y ser la heroína de mi propia historia pero ante todo le debo el haberme podido fundir en el sentido más profundo de mi existencia, algo que sobrepasa el deseo de estar con alguien, creer en cuentos metafísicos o querer traer al mundo niños que no pidieron nacer.

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